La secretaria privada del escritor estadounidense visitó Medellín y habló con vive.in
En el marco del ciclo de conferencias The Lost Generation, adelantado en mayo por el Centro Colombo Americano de Medellín, visitó la ciudad un personaje que conoce los más íntimos secretos del escritor estadounidense Ernest Hemingway.
Se trata de Valerie Hemingway, escritora de origen irlandés que desde los 19 años fue su secretaria privada, y que adoptó el apellido al casarse con Gregory, hijo del escritor de El viejo y el mar.
Valerie habló con vive.in sobre algunos aspectos importantes de la llamada Generación Perdida, a la que perteneció Hemingway, y de la curiosa vida que llevó mientras ejercía como mano derecha del escritor.
¿Cómo le ha parecido Colombia?
Es la primera vez que vengo a Colombia, y especialmente a Medellín. He estado muy complacida con el viaje, con las visitas a universidades y con lo que he conocido de la ciudad. Ha sido una experiencia placentera: la gente es muy amistosa y hay un gran interés por lo cultural.
Vengo de Estados Unidos y muchos me preguntaron por qué, si era una ciudad muy peligrosa. Pero me he encontrado con una ciudad muy distinta a lo que me describieron.
Además de García Márquez, ¿qué otro referente literario tenía de Colombia?
Realmente sólo conocía a García Márquez. Pero estando aquí me regalaron algunos libros de Fernando González y me han contado muchas anécdotas sobre Efe Gómez. También visité la biblioteca España, en el barrio Santo Domingo y allá me hablaron de la obra de Tomás Carrasquilla.
¿Qué buscaban los escritores de la Generación Perdida?
Ellos buscaban distanciarse de sus países para escribir libremente. En esa distancia pudieron innovar, experimentar cosas realmente nuevas. Lograron una literatura original frente a todo lo que se había hecho.
Otra razón era la posibilidad de publicar. En París encontraron pequeñas revistas en las que podían publicar sus escritos, porque el problema es que sus textos no daban plata.
Finalmente, la tasa de cambio les daba una ventaja increíble, porque por pocos dólares les daban muchos francos y eso les permitió escribir sin problemas económicos.
¿Cómo conoció a Hemingway?
Yo soy de origen irlandés. Tenía 19 años y estaba trabajando en Madrid para una agencia de noticias belga, de la que me enviaron a entrevistar a Hemingway. Nos entendimos muy bien en la entrevista gracias a James Joyce (también irlandés), del que Ernest era admirador. La conversación sobre Joyce fue muy profunda.
Cuando la entrevista terminó, me dijo si estaba en mis planes ir a las fiestas de San Fermín, en Pamplona, y yo le dije que no. Él hizo organizar lo que fuera necesario para que fuera con él: desde pasajes hasta las entradas para las corridas.
Faltaba una semana para que él cumpliera 60 años y su esposa le estaba organizando una fiesta. Él me dijo que me quedara para la fiesta pero yo le dije que tenía que volver al trabajo. Entonces me dijo que si el problema era el trabajo por qué no me quedaba a trabajar con él. Ahí comenzó todo.
¿Qué tenía que hacer como secretaria privada de Hemingway? ¿En qué consistía su trabajo?
Tenía que ser una bebedora muy diestra y saber comer muy bien. También escuchar muchas conversaciones. Él era una persona muy sociable.
También le encantaba enseñar y los deportes, así que me enseñó a pescar, me enseñó a cazar y disparar, me enseñó pesca submarina, boxeo y hasta sobre las carreras de caballos. Las últimas dos no me las enseñó en la práctica, claro, sino más bien desde las apuestas.
Y bueno, lo normal de mis funciones era contestar la correspondencia y transcribir sus manuscritos.
¿Cómo era un día corriente en la vida del escritor?
Hemingway escribía toda la mañana. A veces sólo lo veía hasta la hora del almuerzo. Después de almorzar nos íbamos a pescar, o a las corridas, y tomábamos y comíamos. Nos divertíamos mucho.
¿Qué pasó tras la muerte de Hemingway?
Después de su muerte, su viuda y yo nos fuimos para la Finca Vigía, en Cuba, propiedad de Hemingway. Allí revisamos su correspondencia, sus manuscritos, nos encontramos el manuscrito de El viejo y el mar y obras aún inéditas.
Fue un trabajo cuidadoso porque él siempre dijo que la correspondencia estaba prohibida. Que no podía ser publicada.
Durante cuatro años clasifiqué y organicé todos los manuscritos para Carlos Baker, su biógrafo, y para la Biblioteca John F. Kennedy, donde ahora están sus obras.
¿Qué enseñanza le dejó a usted Ernest Hemingway?
¿Lo más importante? Que hay que vivir intensamente y vivir utilizando al máximo todos los sentidos. Que hay que vivir todo con mucha fuerza, porque él siempre dijo que no se puede escribir nada que no se haya vivido.
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